lunes, 18 de octubre de 2010

Sacá la perra que hay en vos!

Ese fue el consejo de mi amiga C luego de una charla sobre egos caídos, lomos mal aprovechados y actitud frente a la vida.
Algo así como una gurú de la capacidad de modificar la forma en que nos ven los demás me dijo "vos hacete la linda, que te vean y listo". Además de este consejo me tiró "no te compares con las demás porque vas a salir perdiendo" a lo que pensé que me quería cagar la vida o decirme que no me iban a tocar ni con un chorro de soda, pero no, era un aviso para que no gaste mi energía en ello porque siempre hay minas más lindas que el común de las mujeres.
Así que después de una sesión de ego hiper intenso, el lunes cuando me fui a trabajar me puse unos lindos zapatitos, un jean de calce interesante y una remera agradable, además de soltarme el pelo y nada de encorbarme, sacando pecho carajo.
Hice todo, caminé por esas cuadras con el sol de mi parte y sintiéndome la más linda y la más mejor.
Claro que funcionó, pero no con los objetivos masculinos esperados, ya que dos viejos me miraron intensamente los pechos, un colectivero me tocó esas bocinas que hacen a los sordos volver a oír, y para rematarla, me cruzo con un pibe que cuando lo pasé por al lado y me di vuelta para verlo me estaba mirando el culo, para finalmente descubrir que era un amigo de mi ex.
Conclusión, afinemos el temita de la come hombres por la calle porque esta primera experiencia fue aterradora.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Una tarde de primavera

Este es un temón que vengo escuchando una y otra vez desde hace unos días y se los comparto de copada nomás.
Hagan click en el título y chau pinela!
(el día que aprenda a poner el video directamente acá no me para nadie, si alguien sabe, espero las indicaciones)

El fabuloso mundo de los extremos de la vida

Hace unas semanas atrás internaron a mi tío abuelo y el problema principal no era su salud, sino que mi nonna (su hermana) no se entere que estaba internado. Al ponerme a pensar en esto, además de idear excusas para decirle a la nonna antes de salir a las corridas a las nueve de la noche, me dí cuenta que estábamos haciendo con ella lo mismo que mis padres hacían con nosotras cuando eramos niñas.
Cuando era chiquita no recuerdo mucho los momentos de muertes de familiares, ni sabía lo que era un velatorio, no me enteraba que la gente de la familia se enfermaba y después, como consecuencia de ello, se moría. Por un lado no me enteraba porque mis padres no nos llevaban ni a velatorios ni a ver enfermos, y por otro lado porque nos inventaban cualquier historia, como la vez que se nos murió nuestro canario Naranjito y nos batieron que se había volado.
Así fue como para evitarnos el dolor de perder a alguien, o a algo, nos inventaban historias con final casi feliz que nunca incluía la muerte o el sufrimiento de alguien.
Y hoy con mi nonna hacemos lo mismo no le contamos que su hermano está internado, que mi hermana se pegó un palo con una moto hace un tiempo, que robaron en mi casa con mi hermana adentro, que me caí de la bici, que mi papá se cayó de su bici (es de familia, como verán), que una vecina murió hace bastante tiempo.
Bueno, todo eso que le puede causar mucho dolor no se lo decimos, pero internamente creo que hay muchas cosas que ella supone y no pregunta para auto evitarse su propio dolor. Y así nos pasaba con mi hermana cuando eramos chicas y las dos en nuestras mentes sabíamos que la gente, las mascotas y todo ser vivo que dejábamos de ver era obvio que se moría, pero no preguntábamos mucho tampoco.
Así que amigos todo se repite, así como de chicos conocíamos gente nueva todo el tiempo porque recién empezábamos a vivir, de viejitos nos va a pasar lo mismo pero porque no nos vamos a acordar de nadie y de nada por más de 5 minutos. Así nuestros familiares se van a ocupar de hacernos la existencia menos chota y nos van a escribir una especie de diario de Irigoyen versión casera contando sólo lo que nos guste escuchar.

lunes, 30 de agosto de 2010

Viejo, pone el tocadisco!

Hoy les traje un regalo de 1957 que la rompe! Para poner a todo lo que dé! (cuando puse "lo que dé" recordé al boludo de la propaganda que dice que acelera el auto porque el auto "le pide")
Click en el título!

Hacele caso a tus padres(?)

Repentinamente me di cuenta que incorporé a mi vida cosas que mi madre o mi padre me inculcaron de pequeña y que creí que nunca iba a hacer. A saber:
- Como fruta después de comer
- No salgo con el pelo mojado a la calle con bajas temperaturas
- Me abrigo
- Cuando no sé una palabra la busco en el diccionario
- Pongo la plata en los bolsillos del pantalón y sólo dejo un poco en la cartera
Claro que todo aprendizaje puede resistirse y volverse casi una lucha sin cuartel contra el sistema, y mi combate está en andar en patas haga la temperatura que haga, sea el piso que sea y pase lo que pase.
Papá, mamá, los quiero pero mis patitas 41 van a ser siempre libres, digáis lo que digáis.

jueves, 26 de agosto de 2010

Ruqui-aventuras del pasado

Hoy fui a visitar a mi tío que está internado y mientras charlábamos e investigábamos para qué servía un botón de la pared, mi tía me ofreció una revista Pronto que no pude rechazar. Mientras la miraba veo una nota a Luciano Pereyra y en seguida vino a mi mente lo que he denominado "Mi encuentro con Luciano"
Hace varios años fui con mi amiga A a ver un recital de él al Gran Rex. Como las entradas no eran tan caras sacamos fila 2 al costado, realmente muy cerca del escenario.
Yo conocía dos o tres canciones del cantante en cuestión, sólo esa que dice "desde que tu te has ido", y la otra que dice "enamorado estoy, ilusionado estoy, la idea de tu amor me quema" (?), en fin, el hecho era acompañar a mi amiga y boludear un rato. No tenía mucha fe del espectáculo que iba a ver pero esa sensación se me pasó apenas se prendieron las luces del escenario y Lucianito salió a escena.
Y esa emoción no surgió por la presencia y el talento del artista, sino que lo que notamos es que Luciano salió al ruedo con la bragueta baja y una parte de la camisa asomaba por el cierre.
Para qué? Con mi amiga A nos empezamos a matar de risa, no sólo por el hecho en si, sino que las fans enloquecidas se mataban gritando "luuuciannnnoooo, laaa braaagueeetaaa", le hacían señas, le señalaban la zona, mientras que yo seguía tirada en la butaca muerta de risa.
Claro que el show del cierre sólo duró un tema porque una fan baja bollo le avisó a uno de seguridad que cuando bajaron las luces se acercó al cantante y al oído le dijo que tenía la "farmacia de turno".
Conclusión, después de eso el show valió cada minuto y ahora cada vez que vean a Luciano Pereyra se van a acordar de esta historia.

Debemos separarnos, no me preguntes más

Cuándo uno debe dejar de ir a terapia? Me pregunto esto porque yo no creo que vaya a dejar de ir pronto. Cuándo pasa que decís "bueno, ya estoy, creo que puedo sola"? Siempre tengo algo para contar, día por medio me pasa algo que se transforma en el disparador de la próxima sesión.
Muchos hemos pasado por ese momento de desconfianza en el que pensamos que nunca nos vamos a dejar de ver con el terapeuta porque sino se le acaba el negocio. Entonces un día hacemos la prueba de decirle "esta semana no me pasó nada" y el psicólogo aprovecha y trae nuevamente un bardo del pasado que creímos haber solucionado para encontrarnos a los 20 minutos llorando a pata suelta y maldiciendo la idea de decirle que no pasaba nada.
El llanto es una cuestión a la que quiero referirme. Creo que nadie en el mundo me ha visto llorar tanto como mi terapeuta. Y lo más indigno es que, como hago diván, las lágrimas se me van para los costados metiéndose en mis oídos casi como un tsunami de lágrimas que no hay pañuelito que soporte.
Ojo que no estoy en el momento de decir basta de terapia, es más la necesito y creo que va a llegar el momento que la realidad o la terapeuta me va a decir "flaca, chau".
También creo que si uno logra manejar los silencios incómodos de la terapia ha encontrado a su psicólogo para toda la vida. Quedarse callado y no sentir la necesidad de decir algo, aunque más no sea un "en fin, no sé, puede ser", se transforma en una batalla ganada contra las necesidades inútiles en ese ámbito donde desde un principio una fue a plantear que está harta de hacer las cosas para agradarle a los demás y que nadie lo note.
Por todo lo dicho, y por los problemas venideros, es que no quiero dejar de ir a terapia pero creo que parte de la curación psicológica es que uno sea lo suficientemente sano de decirle a Freud y sus secuaces "hasta aquí llegó mi locura".